Recuperando la Esperanza III

Recuperando la Esperanza III

Por Daniela Crepaldi

Permitime que te cuente una historia se trata de la vida de dos mujeres, Ana y Penina. Ambas  eran esposas del mismo hombre, Elcana. La razón por la que tenía dos esposas es porque era común en esa época (1100 AC) que los hombres tuvieran más de una esposa. Esto se debía a la necesidad de tener más hijos para trabajar en la tierra, o la necesidad de tener una esposa que pudiera dar a luz a un heredero varón.

 Ana era una mujer estéril, lo que en aquella época se consideraba una desgracia y una señal de desaprobación divina. Por otro lado, Penina tenía hijos y se burlaba de Ana por su condición. Esto causaba gran dolor y angustia en ella, Por tal motivo estaba muy afligida por su esterilidad. Deseaba desesperadamente tener un hijo, pero no podía concebirlo. Como si fuera poco, Penina se paseaba al lado de ella, mirándola y presumiendo su panza de embarazo. Tanto la molestaba que Ana lloraba mucho y ni comer quería. Aunque Elcana amaba a Ana y era muy bondadoso con ella, la crueldad de Penina, además de su dolor natural, era demasiado para Ana.

¿Te paso alguna vez que alguien cercano de tu entorno, familiar, laboral o en tu misma casa te haga mal?

¿Te sucedió que sin hacer nada malo a alguien, se levanten en tu contra injustamente y sientas un ataque?

Quiero decirte que en esta historia estaba DIOS observando todo, a Elcana que no defendía a Ana, observaba la maldad de Penina y el dolor de Ana. Aun así, el mismo Dios con todo su poder no hizo nada, permitió que todo siga igual.

 ¿Te sentís identificad, o no? ¿No te parece una injusticia descabellada ver las lágrimas y el dolor de una persona y que el resto se quede inmóvil? ¿Por qué si Dios tiene poder no sacó a Penina de esa casa? ¿Por qué el esposo no tomó cartas frente a tal injuria?

Este es el momento preciso para que te cuente el desenlace de esta historia………

Todo se pone cada vez más difícil para Ana. Ella lloraba amargamente y con una profunda angustia decide recurrir a Dios. Ella clamó sobre su situación, oró con fervor, pidiéndole a Dios lo que más deseaba, un hijo.

Dios escucha la oración de Ana, y le da un hijo llamado Samuel.

Si Dios sacaba a Penina de la casa, aliviaba el dolor de Ana, pero su condición de esterilidad continuaría igual. Al permitir que esta villana siga en escena, Ana es movilizada a hacer algo que no había hecho y a tener una fe inquebrantable en su oración.

La historia de Ana orando por un hijo es una historia de fe y esperanza

Te invito a que vivas tu propia historia de fe pidiendo a Dios  lo que necesitas y tengas la misma esperanza que Ana para recibirlo.